Mujeres viajeras

La jornada ha continuado con una mesa redonda con tres mujeres viajeras: Rosa Maria Calaf, Pepa Roma y Cristina Morató. Las mujeres han hecho del periodismo, la literatura y los viajes,  con su mirada femenina lo han impregnado todo. El objetivo de esta mesa redonda ha sido hablar de sus comienzos en el mundo del periodismo y los viajes para saber cómo ha evolucionado este campo y hacia dónde vamos.


La primera en participar ha sido Rosa Maria Calaf. Esta viajera ha recorrido más de 170 países, tiene una extensa lista de premios, es doctora Honoris Causa de varias universidades españolas y cuenta con una gran experiencia profesional en los medios de comunicación.



Rosa Maria Calaf ha explicado que su afán viajero viene marcado porque su familia siempre ha sido muy viajera, especialmente su abuelo, quien le contaba historias y era su primer contacto con el mundo exterior: “Una vez que atrapas el virus de viajar ya no te deja nunca. Cuando uno empieza a viajar, es de por vida”. De joven se fue sola a estudiar al extranjero para estructurarse la cabeza, estudio Derecho y Periodismo en condiciones muy diferentes a las de ahora ya que no existía la tecnología entendida como hoy en día. Referente a este tema, cree que la tecnología facilita el trabajo del periodismo pero también lo complica por el abuso de la inmediatez, dela prisa, de querer ser el primero en dar una información aunque sea para no contar nada. Por eso, se está modificando el periodismo y la forma de contar las noticias al mundo.


El viaje tiene el componente de entrar en lo diferente, adentrarte en lo que es absolutamente ajeno, porque de lo que es igual no se aprende nada; acercarse a lo diferente es la única manera de saberlo, porque si no te acercas, no lo comprendes. Ese gran desconocimiento del otro es lo que cree que tenemos que arreglar con el periodismo de viajes, conseguir que la gente se haga preguntas, que no crea que las cosas son como les dicen que son y no hay otra forma ni otras opciones. Eso solo se puede ejercer si previamente estamos convencidos del valor del acercamiento y de la necesidad de explicarlo. El viaje nos transforma como personas y transforma a quien se lo explicamos. Somos ojos y oídos de las personas, la voz de los que les suceden cosas y no pueden contarlas.


Otro gran problema que apunta Rosa Maria Calaf es que actualmente hay tendencia a contar lo peor del mundo porque se cree que es más noticioso o espectacular, pero en el mundo hay muchas cosas fantásticas de las que nunca se habla.


Calaf ha explicado algunos de los viajes más sonados y significativos que ha hecho a lo largo de su vida, como irse en autostop a Suecia con 17 años o ir en coche hasta Ciudad del Cabo. En relación a todos estos viajes, ha dicho que tiene envidia de sí misma porque son irrepetibles por dos motivos: la transformación del espacio y la evolución de su propia mirada. Finalmente, ha acabado con la frase: “Mi casa no es para vivir, es para volver. Y yo desde luego aún no he vuelto”, dando a entender que lleva el perioRodismo de viajes en la sangre y todavía le queda mucho por hacer.
 
La segunda mujer viajera en participar ha sido Pepa Roma, centrando su intervención en la relación que existe entre los viajes y ser mujer. La comunicadora empezó a tener pasión por viajar porque las mujeres de su familia siempre tuvieron una gran mitificación con los viajes, especialmente su madre, con quien viajaba desde pequeña. Se fue a estudiar a París y a Londres sin ayuda de nadie. En Londres, dónde vio a una gran cantidad de viajeros en Picadilly Circus, fue donde se le encendió la luz y vio todas las puertas abiertas.

Rosa Maria Calaf, Pepa Roma y Cristina Morató en la mesa redonda sobe Mujeres Viajeras. Foto: Guillem Resina
Pepa Roma cree que por ser mujer ha tenido más facilidades a la hora de viajar, porque otras mujeres te ayudan y te protegen. Además, cree que esta ansia viajera es común a las mujeres desde siempre. El problema es que antes la dependencia económica del marido y la maternidad hacia más difícil vivir estas experiencias.


Finalmente, ha señalado que: “donde hay viajeras, hay escritoras”. En la medida que las mujeres se incorporan a los viajes, aumenta la literatura, porque escriben lo que han vivido y experimentado.


La tercera y última mujer Viajera ha sido Cristina Morató. Su inquietud por el periodismo de viajes empezó en Centroamérica, donde se dio cuenta que no era válida para ser reportera de guerra porque intentaba ayudar a la gente, en vez de hacer su trabajo. Por ese motivo y debido a las imparables ganas de viajar que le entraron, se empezó a dedicar a viajar por el mundo fijándose en las señas de identidad de los indígenas de África y América siguiendo las huellas de los grandes exploradores, captando todas las sensaciones posibles.


Por otro lado, también ha hablado al igual que su anterior compañera de la historia más antigua de las mujeres viajeras. Morató ha recomendado al público ponernos en la piel de las viajeras de la época victoriana, en el S.XIX, cuando las viajeras estaban muy mal vistas entre la población. Por eso, las mujeres que se atrevían a viajar tenían un gran valor, porque se cuestionaba su moralidad y se enfrentaban a su propia familia por su comportamiento considerado como ilícito.


Cristina Morató conoce en profundidad este tema porque al volver de su viaje en Centroamérica se le encargó un ensayo en el cual tenía que reflexionar sobre por qué viajaba y qué veía. En su investigación se dio cuenta que había una lista interminable de mujeres que habían viajado. Por este motivo, escribió el libro “Viajeras intrépidas y aventuraras” como homenaje a estas mujeres. Más tarde publicó “Reinas de África” y “Damas de Oriente”.


Para acabar, ha comentado que lo importante no es ser hombre o mujer, ya que ella llegó a conseguir una exclusiva con el carnet de la revista Hogar y Moda. De lo que se trata es de tener inquietud, rebeldía y curiosidad: “Los viajes alargan la vida. El mejor botox es la curiosidad”, ha dicho textualmente Cristina Morató.